viernes, 14 de octubre de 2011

El Puñal


Por ser tan confiado,
 me han apuñaleado,
 he sido acribillado,
 mal querido y vapuleado. 
Con el puñal atravesado
 seguí andando,
 ni a mitad del camino
 fui atropellado.
En el suelo mal herido,
 y un puñal en mi costado,
 descorazonado, confundido,
 abandonado y perdido.
Una carretera
 estaban construyendo,
y la aplanadora
me dejo aplastado.
 Algunas diez horas
creo que han pasado,
 tiran la gravilla
 estoy pulverizado.
Ha parado todo,
 me siento atrofiado,
 me quede dormido,
 pero ha amanecido.
Nunca en la vida
había tanto sufrido,
 la doy por vencida,
 ya se ha consumido.
Viene otro aparato,
 pasando el asfalto,
estoy derrotado,
esto ha terminado.
  
Lo más incómodo,
es sacar este puñal del carajo,
que me da tanto trabajo,
porque está anclado.
Quisiera cambiarlo
por un cuchillo,
 algún tornillo,
 hasta un cadillo.
Pero lo tengo metido,
 hasta lo último hundido,
 ¿fuera? Ni un pedacito,
 esta dentro todito.
Percibo una mano,
 ¿se le habrá ido
 al que me ha destruido?
¿o se ha arrepentido?
Seguro que se arrepintió,
 y vino a buscar su puñal,
 pues no vale la pena dejar,
tan precioso tesoro en mí.
Están excavando el lugar,
 ¿Qué hacen? Déjenme aquí,
 permítanme morir así,
como el más vil infeliz.
Dentro estoy mejor,
 ni frío, ni luz del sol,
 nadie me hará sentir peor,
 en el más barato confort.
Estoy fuera otra vez,
 pero quiero volver,
 y seguir llorando,
 a quien tanto he amado.
¡OH!, eres tú,
 mi amigo Jesús.
 Deseo el olvido,
 estar escondido.
¿Qué quieres de mí?
 Si tres veces te he negado,
 mil te he traicionado,
 sin contar mis pecados.
—Te quiero a ti,
 ya te he perdonado,
por siempre aceptado,
 eternamente reconciliado.
 —Búscate otro,
ya no soy humano,
 soy la huella de un pie
 que me ha pisado.
 No merezco la misión,
 nunca negué la tentación,
 rebaje tú condición.
—Pero yo soy liberación.
Nadie merece la expedición,
 solo a quien Yo se la dé.
—Pero Señor, no ves que te traicione,
 que muchas veces te abandone.
Que al placer siempre entregue,
lo más sublime del ser,
 que a otros brazos me lancé
y a otro corazón ame.
—Pero Yo siempre te espere.
—Y yo te desprecie,
 también te lastime.
—Ya te perdone.
 Olvídate de aquello que es pasado,
 recuerda que yo siempre te he levantado,
 contigo siempre he estado,
 sin apartarme de tu lado.
—Me siento vivo,
me siento nuevo,
 me siento protegido,
como un huevo.
Entonces sácame
 este puñal del pecho,
 líbrame de este tormento,
rápido que me muero.
Jesús saco el puñal.
— ¿Qué pasa? ¿Qué has hecho?
 Desenvaino una espada,
y me la enterró.
 —Tu encargo tiene:
alegría y sufrimiento.
 Y es verdad, el deber trae:
pena y paz,
porque del dolor,
                                                  ni el amor me librará.


Autor: Cándido

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