
Por ser tan confiado,
me han apuñaleado,
he sido
acribillado,
mal querido y
vapuleado.
Con el puñal atravesado
seguí andando,
ni a mitad del
camino
fui atropellado.
En el suelo mal herido,
y un puñal en mi
costado,
descorazonado,
confundido,
abandonado y
perdido.
Una carretera
estaban
construyendo,
y la aplanadora
me dejo aplastado.
Algunas diez horas
creo que han pasado,
tiran la gravilla
estoy pulverizado.
Ha parado todo,
me siento
atrofiado,
me quede dormido,
pero ha amanecido.
Nunca en la vida
había tanto sufrido,
la doy por vencida,
ya se ha consumido.
Viene otro aparato,
pasando el asfalto,
estoy derrotado,
esto ha terminado.
Lo más incómodo,
es sacar este puñal del
carajo,
que me da tanto trabajo,
porque está anclado.
Quisiera cambiarlo
por un cuchillo,
algún tornillo,
hasta un cadillo.
Pero lo tengo metido,
hasta lo último
hundido,
¿fuera? Ni un
pedacito,
esta dentro todito.
Percibo una mano,
¿se le habrá ido
al que me ha
destruido?
¿o se ha arrepentido?
Seguro que se arrepintió,
y vino a buscar su
puñal,
pues no vale la
pena dejar,
tan precioso tesoro en
mí.
Están excavando el lugar,
¿Qué hacen? Déjenme
aquí,
permítanme morir
así,
como el más vil infeliz.
Dentro estoy mejor,
ni frío, ni luz del
sol,
nadie me hará
sentir peor,
en el más barato
confort.
Estoy fuera otra vez,
pero quiero volver,
y seguir llorando,
a quien tanto he
amado.
¡OH!, eres tú,
mi amigo Jesús.
Deseo el olvido,
estar escondido.
¿Qué quieres de mí?
Si tres veces te he
negado,
mil te he
traicionado,
sin contar mis
pecados.
—Te quiero a ti,
ya te he perdonado,
por siempre aceptado,
eternamente
reconciliado.
—Búscate otro,
ya no soy humano,
soy la huella de un
pie
que me ha pisado.
No merezco la misión,
nunca negué la
tentación,
rebaje tú
condición.
—Pero yo soy liberación.
Nadie merece la
expedición,
solo a quien Yo se
la dé.
—Pero Señor, no ves que
te traicione,
que muchas veces te
abandone.
Que al placer siempre
entregue,
lo más sublime del ser,
que a otros brazos
me lancé
y a otro corazón ame.
—Pero Yo siempre te
espere.
—Y yo te desprecie,
también te lastime.
—Ya te perdone.
Olvídate de aquello que
es pasado,
recuerda que yo
siempre te he levantado,
contigo siempre he
estado,
sin apartarme de tu
lado.
—Me siento vivo,
me siento nuevo,
me siento
protegido,
como un huevo.
Entonces sácame
este puñal del
pecho,
líbrame de este
tormento,
rápido que me muero.
Jesús saco el puñal.
— ¿Qué pasa? ¿Qué has
hecho?
Desenvaino una
espada,
y me la enterró.
—Tu encargo tiene:
alegría y sufrimiento.
Y es verdad, el deber
trae:
pena y paz,
porque del dolor,
ni el amor me
librará.Autor: Cándido
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